15 de marzo de 2026 · 5 min de lectura

Una oficina no se puede cerrar una semana entera para pintarla. La buena noticia es que casi nunca hace falta: con organización se pinta por partes y el equipo sigue trabajando con normalidad. La clave está en planificar el orden de las zonas y elegir bien el momento y el material.
Trabajar por fases
Dividimos la oficina en zonas y pintamos una mientras las demás siguen en uso. Se vacía y protege un despacho o una sala, se pinta, se deja secar y se pasa a la siguiente. Así nunca se detiene toda la actividad, solo se reubica a unas pocas personas durante un día.
Fines de semana y fuera de horario
Las zonas comunes, la recepción y los pasillos suelen pintarse en fin de semana o por la tarde-noche, cuando no hay nadie. El lunes el equipo entra a una oficina recién pintada y seca. Es algo más de coste por el horario, pero cero días de cierre.
Pinturas de bajo olor y secado rápido
Para espacios de trabajo usamos pinturas al agua de bajo olor y bajo COV, que dejan el ambiente respirable en pocas horas. Con buena ventilación una sala pintada por la tarde está lista para usarse al día siguiente, sin ese olor que obliga a abrir ventanas toda la semana.
Proteger equipos y dejarlo todo recogido
Ordenadores, servidores, impresoras y documentación se cubren con plástico o se retiran de la zona antes de empezar. Protegemos suelo técnico, moqueta y cableado, y al terminar cada fase recogemos para que el espacio quede operativo. El precio exacto depende de una visita: hay que ver metros, horario disponible y cuánto mobiliario hay que mover.